Libro: Maquinaria computacional e Inteligencia por Alan Turing
Propongo considerar la siguiente pregunta:
“¿Pueden pensar las máquinas?”. Se debiera comenzar
definiendo el significado de los términos
‘máquina’ y ‘pensar’. Estas definiciones deberían
ser elaboradas de manera tal que reflejen lo mejor
posible el uso normal de estas palabras, pero
una actitud así es peligrosa. Si el significado
de las palabras ‘máquina’ y ‘pensar’ proviene del
escrutinio de cómo son usadas comúnmente, se
hace difícil escapar de la conclusión de que el significado
y respuesta a la pregunta “¿pueden las
máquinas pensar?” debiera ser buscado en una
encuesta estadística, tal como la encuesta Gallup.
Pero eso es absurdo. En vez de intentar una
definición así, propondré reemplazar esa pregunta
por otra, la cual se encuentra estrechamente
relacionada y que se puede expresar en palabras
relativamente poco ambiguas.
La nueva forma del problema puede ser descrita
en términos de un juego, el cual llamaremos “el
juego de la imitación”. Se juega con 3 personas,
un hombre (A), una mujer (B), y un interrogador
(C) de cualquier sexo. El interrogador se encuentra
en una habitación distinta a la de los otros dos
participantes. El objetivo del juego para el interrogador
es determinar cuál de los participantes
es el hombre y cuál es la mujer. Él los identifica
con las etiquetas X y Y, y al final del juego él
dice si “X es A y Y es B”, o “X es B e Y es A”. Al
interrogador se le permite hacer preguntas tanto
a A como B del tipo:
C: X, ¿Sería tan amable de decirme el largo su
cabello?
Ahora, suponga que X es de hecho A, por lo que
A debe responder. El objetivo de A en el juego
es tratar de que C haga una identificación falsa.
Por lo que su respuesta podría ser:
“Mi pelo está cortado en capas, y los mechones
más largos tienen unos 20 centímetros”.
Para que los tonos de voz no ayuden al interrogador,
las respuestas deben ser escritas, o mejor
aún, tecleadas. Las condiciones ideales deberían
incluir un teletipo que comunique ambas habitaciones.
De manera opcional, las preguntas y
respuestas podrían ser repetidas por un intermediario.
El objetivo de B en el juego es ayudar al
interrogador. Probablemente, la mejor estrategia
para ella sea dar respuestas verdaderas. Ella puede
incluir en sus respuestas cosas tales como “Yo
soy la mujer, ¡no lo escuches!”, pero aquello no
garantizaría nada ya que el hombre podría decir
cosas similares.
Ahora hacemos la pregunta: “¿qué pasaría si una
máquina asume el rol de A en este juego?” ¿Discriminaría
equivocadamente el interrogador con
la misma frecuencia con la que lo hace cuando
el juego se juega con un hombre y una mujer?
Estas preguntas reemplazan la pregunta original
“¿pueden las máquinas pensar?”.
Enlace del libro:
Comentarios
Publicar un comentario